Definitivamente, no era una chica de muchas palabras. De hecho, casi nunca hablaba. Hablaba tan poco, que podía considerarse afortunado todo aquel que hubiera tenido la oportunidad de haber oído el sonido de su voz. No sé si no hablaba por su exagerada timidez, porque no sabía qué decir, o porque no tenía de lo que hablar. Así que, en cierto modo, puede decirse que nos complementábamos. Yo ya me había acostumbrado a que no soltara ni una palabra, pero realmente, tampoco hacía falta más. El silencio era armonía entre ella y yo.
Pero con el tiempo aprendí a prestar más atención a sus silencios, que a sus palabras. Aprendí a interpretarlos, a darles significado.
Caminábamos a menudo la una al lado de la otra. La tenía junto a mí, a veces nos cogíamos del brazo o de la mano, pero en momentos así, sabía que estábamos a cientos de kilómetros de distancia.Ella en su propio mundo, y yo, en el mío.
Muchas veces me preguntaba, cuando la veía soñar despierta, en qué estaría pensando. Ella era un libro cerrado, me costó bastante que abriera su mente y su corazón a mí. Yo había conocido a personas extrañas, cerradas, ensimismadas, pero nunca a nadie como ella. Quizá era eso lo que la hacía tan bella.
sábado, 23 de marzo de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
¿Quién eres?
De repente la ví. Estaba enfrente mía,
mirándome. Lo primero que hice al ver aquella presencia fue ahogar
un grito. Yo estaba asustada, pero sorprendentemente, el semblante de
aquella muchacha se ensombreció. Parecía preocupada por algo. Pero
yo no debía bajar la guardia, por muy atemorizada que pareciera,
sería capaz de atacarme.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres?-le
grité, osada.
La extraña chica no respondió. Solo
miró los labios, imitándome. Quería reírse de mí, lo había
presentido, y ahora lo estaba comprobando. No dijo nada, y siguió
mirándome, fijamente. Escruté su rostro en busca de algún punto
débil, ya que ninguno de las dos nos acercábamos a la otra.Puede
que estuviera tan aterrada como yo. Sabía que era muy tarde, más de
las 4 de la mañana, pero el descubrimiento de una desconocida en mi
casa me impedía dormir. ¿Sería mi imaginación? No creo, ella
parecía muy real. Tan real. De repente, otro pensamiento me asaltó
y me hizo estremecerme del terror. ¿Vendría sola, o la casa estaría
ahora llena de gente escondida, al amparo de la oscuridad, esperando
para atacarme, o Dios sabe qué?
Quería matarme. Quería matarme, y yo
lo sabía.
Pero sin embargo, no hacía ademán de
atacarme. Tan solo me contemplaba. Igual que yo a ella. Tenía el
pelo revuelto, seco, y sin brillo. Los ojos parecían tristes, y
estaban hundidos en unas ojeras profundas y oscuras que no hacían
más que acentuar esa sensación de infelicidad que transmitían.
A mitad de mi análisis de aquella
extraña, una voz difuminada y profunda, me dijo:
-¿En serio tienes miedo?
Sentía un terror que era incapaz de
expresar con palabras, pero quería demostrar lo contrario, así que,
quizá con menos convicción de la que intentaba aparentar, respondí:
-¡Pues claro que no!
Otra voz, esta vez más fantasmal y
aguda, susurró:
-Mátala antes de que ella te mate a
tí.
No sabía de dónde salían aquellas
voces, pero de repente, se les unieron susurros inentendibles,
murmullos en diferentes idiomas, que iban en crescendo, agotando la
poca fuerza que me quedaba.
-¿Qué sois? ¡Dad la cara!-exclamé
con rabia. -¿Que demos la cara? ¡Niñata estúpida!-escupió cada
palabra con ira la primera voz.-No podemos dar la cara-siguió-
porque nuestra cara eres tú.
Las voces seguían, cada vez más y más
fuertes, mi cabeza iba a estallar. Tan insoportables eran, que caí
de rodillas, mientras me sujetaba la cabeza, en un intento de
acallarlas.
Mientras tanto, la extraña seguía
mirándome, con una sonrisa siniestra dibujada en su rostro
ensombrecido.
-Acaba con ella. Quiere matarte, no la
ves?-susurró la segunda voz.
Tenía razón. Las voces solo habían
aparecido al ver a la chica, y estaba segura de que ella acabaría
conmigo si no lo hacía yo antes. Retrocedí lentamente, hasta llegar
a la mesita donde yo siempre guardaba un cuchillo, por si acaso.
Nunca se sabía qué podía pasar.
Me acerqué a la chica, blandiendo el
cuchillo.
Una voz desconocida, me interrumpió:
-Serás tan monstruo como ella.
Mi paciencia se agotaba.
-¡Yo solo intento acabar con
vosotros!-grité.
-No puedes...-dijo suavemente- porque
nosotros vivimos dentro de tu cabeza.
Esas palabras fueron como una bofetada
para mí. Lancé el cuchillo con toda la fuerza que pude, al mismo
tiempo que mi garganta se desgarraba en un grito. Mientras una lluvia
de cristales perforaba mi piel y la sangre corría caliente por ella,
caí al suelo en un golpe seco, y perdí el conocimiento.
sábado, 2 de febrero de 2013
Sólo sé que me gustas.
Me gustas cuando lees porque estás
como en tu mundo. Te siento a mi lado, pero sin embargo, estás
lejos, muy lejos. Eres realmente tú.
También me gustas cuando te esfuerzas,
cuando corres. Cuando quieres dar lo mejor de tí y asombrarnos a
todos. A mí ya me maravillas todos los días con esa aura pura e
inocente que tienes.
Es como si fueras un pequeño ángel.
Me gustas cuando sonríes, cuando eres
feliz y realmente se te nota. El mundo se para un instante y mi
corazón se hace un poquito más grande.
Me gustas cuando bailas y te mueves con
esa armonía, cuando dejas que tu alma se mueva libre y tú te mueves
al compás. Suave, equilibrado.
Me gustas tanto que ni sé como me
gustas, ni realmente sé cuánto eres capaz de gustarme.
miércoles, 30 de enero de 2013
Dormir agarrando la esencia que alguien te envió.
Adoro las cartas. El momento en que
llega a tí y la primera vez que las lees. Ese cúmulo de emociones.
Guardarla como si fuera un tesoro, para poder releerla una, y otra, y
otra vez.
Es como conservar un pedazo de esa
persona, un poco de su esencia.Es cierto que prefiero una carta,
aunque tarde, que un mensaje, un comentario, o un correo electrónico.
Y es que lo bueno, se hace esperar. ¿Nunca has imaginado a la
persona que te la envió en el momento en que la escribía? Cómo
trazaba esas palabras, formando oraciones, y finalmente, ese texto
que tienes en las manos. Cómo pensaba en tí en todo ese momento.
Y si esa carta que ahora mismo
sostienes, es de hace tiempo...retrocedes en el tiempo hasta ese
día.Cierras los ojos. Y estás ahí. Te ves tan feliz. Todo eran tan
bonito.Te das cuenta de cómo ha cambiado todo. La melancolía no
llega en tardar. Los días pasas, las personas se van, todos
cambian...pero el recuerdo permanecerá igual, pase el tiempo que
pase.
Viejos trozos de papel con complejo de
reliquia.
domingo, 27 de enero de 2013
Fue tan efímero.
Nunca pensé que llegaría a quererte
de esa forma. Ahí me di cuenta de lo débil que fui.
Me dije a mí misma que nunca más me
rendiría así ante alguien, pero no sé cómo ni por qué, acabé
encaprichándome contigo. Echo de menos tu dulce perfección. Lo
feliz que podías llegar a hacerme.
Que me abrazaras, esa sensación de
seguridad que siempre me desbordaba cuando estaba en tus brazos.
Ahora recuerdo todo lo feliz que fui a tu lado y me siento como una
idiota. Era todo una red de felicidad, construida de pequeñas
mentiras. Por tí he tenido que romper muchas promesas. Me prometí a
mí misma que no me encariñaría con nadie. Les prometí a todos
ellos que no me acercaría a tí, porque acabaría haciéndome daño
a mí misma. Y sobretodo, te prometí a tí que no te abandonaría,
que estaría ahí siempre para tí. Pero, muy a mi pesar, he tenido
que irme. He tardado bastante tiempo en darme cuenta de que tú solo
me hacías daño, una y otra vez. No te quiero cerca mía, tampoco
lejos, pero he tenido que aprender a vivir sin tenerte aquí conmigo.
Y es que, no todo lo que se sueña se puede hacer realidad al final.
sábado, 19 de enero de 2013
Dolían.
Sus lágrimas eran como cuchillas afiladas que poco a poco perforaban mi alma. No soportaba verla llorar. Cada vez que lo hacía, algo moría en mi interior. Me reprendía a mí misma por no evitarlo. Cada lágrima que derramaba era una lágrima que yo podía haber evitado, pero sin embargo, dejé caer. Yo no podía hacer nada excepto permanecer de pie, mientras la observaba llorar.
Posiblemente no se diera cuenta, pero yo sufría en silencio.
Sus ojos eran un misterio, al igual que ella. Solo una persona que la conociese bien sabría como descifrarlos.
Incluso triste seguía siendo bella. Esa aura pura e inocente no la abandonaba ni cuando su cara se llenaba de sombras y de miedo.
Posiblemente no se diera cuenta, pero yo sufría en silencio.
Sus ojos eran un misterio, al igual que ella. Solo una persona que la conociese bien sabría como descifrarlos.
Incluso triste seguía siendo bella. Esa aura pura e inocente no la abandonaba ni cuando su cara se llenaba de sombras y de miedo.
domingo, 13 de enero de 2013
¿Y qué haces cuando no sabes lo que sientes?
No sé como me siento ahora mismo. Quizá un poco decepcionada. Pero decepcionada, ¿con quién? ¿Con ella, por haber matado lo poco que quedaba de mí? ¿Con ellos, por haberme hecho daño, o conmigo, por haber dejado que lo hicieran? Rabia, ira, odio, que se van desgastando y poco a poco dejan paso a otra clase de sentimientos. Desilusión. Desesperanza, tristeza. Querer huir, correr todo lo rápido que puedas, echar a volar y nunca mirar atrás. Pero darte cuenta de que solo es una estúpida fantasía más, y caer, estamparte contra algo muy frío y duro, algo llamado realidad. Te atrapa. Te ahoga. Te hace ver que nunca podrás correr más que tus problemas, que siempre conseguirán atraparte.
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